Un vestido que ya sabía a quién esperaba
6 de enero de 2026
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Hay vestidos que no nacen para sorprender, sino para encajar.
Este fue uno de ellos.

Desde la primera prueba, todo fue colocándose con naturalidad: el movimiento, la caída, la forma en que el tejido acompañaba cada gesto. No se trataba de exagerar, sino de escuchar. A la novia, al cuerpo, al momento.

El resultado fue un vestido que no necesitó demasiadas palabras el día de la boda. Funcionó en silencio, como lo hacen las cosas bien hechas.
Después, ya con la calma que permite mirar hacia atrás, quisimos conservarlo también como imagen. Algunas versiones —reales o reinterpretadas— sirven para eso: para guardar la memoria del diseño tal como fue.

Las imágenes de este post cuentan esa historia

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